- Cruzas un paso de cebra con cientos de personas… y nadie se choca.
- Te pierdes en una estación y acabas encontrando algo mejor.
- Comes algo increíble sin saber qué es.
- Todo funciona perfecto… pero no entiendes nada.
- Entras en una tienda y no sabes si salir o quedarte una hora.
- El silencio en el metro dice más que cualquier conversación.
- Miras alrededor y sientes que estás muy lejos de todo lo que conoces.
Y, aun así, te sientes cómodo.
Tokio no se entiende del todo.
Se experimenta.
Y quizá por eso se queda tanto.