— Creo que es por aquí
— No, seguro que no
— Sí, sí… mira, tiene sentido
Calle estrecha. Giro a la derecha. Otro más.
— Esto no me suena
— A mí tampoco
— Bueno… seguimos
Marrakech no se recorre.
Te envuelve.
Los callejones se repiten. Las tiendas aparecen sin orden. Los colores, los olores, las voces… todo mezcla hasta que dejas de intentar orientarte.
— Espera… ¿hemos pasado ya por aquí?
— Puede ser
— Da igual
Y en ese “da igual” empieza el viaje de verdad.
Un puesto de especias.
Una puerta abierta.
Un patio que no esperabas.
— Bueno… igual sí que era por aquí
O no.
Pero ya no importa.